martes, 30 de enero de 2018

Enrique Molina: A partir de cero


Entrevista: Fernando Loustaunau y Javier Barreiro Cavestany

El 13 de noviembre de 1997, a los 86 años de edad, falleció en Buenos Aires el poeta argentino Enrique Molina (1910), uno de los autores latinoamericanos más destacados de nuestro siglo. En esta entrevista que Javier Barreiro y Fernando Lostaunau sostuvieron con él en 1987, Molina conversa sobre su predilección por los caminos de Baudelaire, el panorama cultural de los años cincuenta, el sentido de las vanguardias, el surrealismo y la poesía Argentina moderna.

FL/JBC - En 1952 usted funda, con Aldo Pellegrini, la revista “A partir de cero”. ¿A qué necesidades respondía ese proyecto?

EM - Yo creo que la aventura de “A partir de cero” fue muy importante y, al mismo tiempo, bastante íntima, porque si bien en América hubo influencias surrealistas, no hubo verdaderos grupos de acción. Excepto en Chile: Mandrágora sí era más coherente y trataba de hacer intervenciones, como la famosa anécdota de Braulio Arenas, que rompió el discurso de Neruda en un teatro, y escándalos por el estilo.

Antes, Pellegrini había fundado otra publicación “Qué” con un matiz surrealista. Alrededor de ese proyecto nació un entusiasmo que nos llevó a tener un contacto más profundo con los surrealistas. Yo creo que ningún poeta puede dejar de querer al surrealismo. De algún modo es la encarnación de un mito de la poesía, que perdura y le da un sentido muy especial a la tarea del poeta. Porque no se trata de una escuela literaria, sino de una concepción total del hombre y del universo: un humanismo poético, en cuyo centro está el hombre, no la divinidad, proyectado hacia lo absoluto, con todos los poderes implícitos en su condición.

FL/JBC -¿Dónde radicaba la novedad de la propuesta?

EM - No sé si podemos hablar de un nuevo sentido de vanguardia. Porque si bien la vanguardia ya existía, en América, después del modernismo, el ultraísmo y el creacionismo de Huidobro, había un sentido de ruptura. Lo novedoso de nuestra propuesta quizás haya sido extremar ese sentido de vanguardia. Porque no se trataba de una forma o concepción del hecho poético, sino de la vida, del hombre, de los valores en juego: el poder del inconsciente, de la escritura automática, de la identificación del amor, la libertad y la poesía como única expresión válida. En fin, un sueño bastante prometeico que se fue disolviendo solo.

A diferencia de la mayoría de las revistas literarias, que son como antologías sin un carácter muy definido, A partir de cero tenía, o pretendía tener, un carácter más riguroso, con una toma de partido ético y hasta ideológico. Nunca llegamos, por suerte, a tener un sentido ortodoxo en relación al lenguaje.

Yo sigo creyendo en el surrealismo, pero no creo en la cosa formal, que se ha transformado un poco en una retórica. Se imita la escritura automática, la forma y las imágenes surreales, pero yo creo que el poema es un campo cerrado, neto, de tensiones y de lucidez. No es una cosa interminable, como sería la pretensión del automatismo. Además, si uno piensa, los frutos literarios que ha dado no han sido grandes. Como hipótesis es interesante, pero el inconsciente no es todo el hombre.

FL/JBC - Durante la sucesión de dictaduras que constelaron la historia argentina, ¿cómo fue vivido el postulado surrealista que proponía unir el ``cambiar el mundo'' marxista en el ``cambiar la vida'' de Rimbaud?

EM - No había una actitud política uniforme como en el grupo francés, que participó con proclamas y declaraciones ideológicas, y hasta con afiliaciones al Partido Comunista. O las relaciones de Breton con Trotsky y las tomas de partido ante la cuestión argelina. Yo creo que la Argentina ha sido siempre un país lleno de hechos surrealistas, pero nunca se les adscribió un significado político.

FL/JBC - ¿En qué medida la figura de Lautréamont incidió en ese movimiento poético?

EM - Creo que su influencia en el surrealismo fue enorme: todo el poder de la imaginación, el poder blasfematorio, de liberación absoluta, de belleza formal, y una metáfora completamente distinta. Pero en realidad, no se le tuvo en cuenta como poeta rioplatense. Sí, claro, sentimos el orgullo de su cercanía. Como ustedes saben, hay una hermosa traducción de Pellegrini de Los Cantos de Maldoror y el psicoanalista Pichon-Riviére hizo una serie de investigaciones sumamente interesantes, donde sugiere que el sitio de Montevideo (durante la Guerra Grande) habría incidido en la formación de Lautréamont.

Está también Laforgue, otro franco-uruguayo, un poeta importantísimo. Y sin embargo, en Argentina tampoco se le ha prestado demasiada atención. Y eso que tenemos a Lugones, que es un poeta absolutamente laforguiano.

Es curioso que haya poetas europeos, como Aimé Cesaire y Saint-John Perse -nacidos en el Caribe-, en los que sí se siente la fuerza del trópico, el espacio americano, aunque escriben en francés. Y tal vez haya algo en Lautréamont de haber sublimado en su obra la violencia de ese momento tremendo de la historia rioplatense.

FL/JBC - Desde Las cosas y el delirio hasta Los últimos soles vibra en su obra ese ``estado de furor'' expresado en uno de sus poemas. ¿Cómo se cuida un poeta para no ser un corrupto?

EM - Yo creo que la poesía es una forma de vida. Dentro de una sociedad siempre opresiva, de estructuras morales rígidas, consumista, donde los únicos valores parecen ser los del poder, a través del dinero y de las influencias políticas, el poeta persigue otra cosa: la realización total del ser a través de la poesía. Y aunque ésta no tenga la difusión que merece, va a llegar siempre a quien tenga que llegar. Aunque sea el último ser, en el sitio más remoto, si la necesita, le va a llegar.

Yo no he tenido una vida rigurosa. De muchacho he navegado y vivido en varios lugares del mundo. No sé muy bien de qué he vivido. Parecería que el poeta tuviese siempre que disculparse, si trabaja o si tiene hijos. Como si tuviese que vivir caminando por el techo, como las moscas.

Además, uno ya está comprometido con todo su ser en la poesía, más allá casi de la voluntad. Yo soy más bien solitario, tímido. No he tenido una actuación pública. A veces le digo a mi mujer que soy un desastre, porque no consigo capitalizar mi experiencia. Siempre estoy a partir de cero, cometiendo los mismos errores.

FL/JBC - ¿Es acaso esa misma ``torpeza'' para desenvolverse en la vida cotidiana lo que hace posible la dimensión poética?

EM - Puede ser. Aunque sea una sensación subjetiva, vivo la vida con pasión. Creo que el poeta es alguien que tiene un sentimiento exaltado de la existencia. Yo tengo un cierto pánico. Lo digo en un texto (``La bella pasajera'') en el que la vida y la muerte no son poderes enemigos. La condición humana es tan absurda, entre una nada y otra, y el misterio de ese hecho. Por eso para mí, cada instante de la vida es un instante de la muerte. Tengo ese sentido un poco animista del mundo. Para mi toda la realidad parece un poco sacralizada. Por eso me gusta mucho el Brasil. Qué país extraño. Tan violento, tan cruel, y sin embargo no existe el sentimiento de la muerte. Hay una religiosidad muy particular. Pese al catolicismo oficial, existe un imperialismo mágico brasileño que se está expandiendo por toda Sudamérica: el culto Umbanda. Aquí, en Buenos Aires, está lleno de terreiros...

FL/JBC - ¿Qué relación existe entre obra y experiencia poética? ¿Son inseparables?

EM - Yo siento que hay ciertos poetas que acentúan el aspecto intelectual de la poesía. De manera lúcida, despojada, casi totalmente mental. La Argentina, específicamente, ha dado ese intelectualismo que no hay en otros países de América. Podría hablar de Juarroz, de Girri, del mismo Borges.

FL/JBC - ¿Y Lugones?

EM - Creo que Lugones es más animalesco. Tiene otra fuerza. No se pone tan lúcidamente sobre el concepto. Considero que la poesía no tiene que dividir al hombre en intelectual o inconsciente, sino conservar la integridad del ser. La poesía tiene que nacer, no de ideas intelectuales sino de vivencias profundas.

Volviendo sobre la escritura automática, a veces me parece que es una aventura en el lenguaje, pero fuera de las circunstancias existenciales del poeta. Hay dos caminos en la poesía: uno es Baudelaire y el otro es Mallarmé.

FL/JBC - ¿Y usted con cuál se identifica?

EM - Con Baudelaire, naturalmente.
Suplemento La Jornada Semanal, 16 de febrero de 1997
Banda Hispánica
http://www.jornaldepoesia.jor.br/bh8molina.htm

"UNA MUJER INOLVIDABLE" de Alejandra Menassa


Esto va por ti, alzo mi copa llena de besos,
y brindo por la belleza de tu nombre.
Mujer hacedora, junto a él, de pan, de versos y de hijos....
Tú, que te llamas Hipatia, tu padre, Teón,
rechazando creencias de la época,
te hizo ciudadana de la polis,
derecho exclusivo del otro sexo,
confió en tu inteligencia
y te ayudo a encontrar tu órbita
en las ciencias de los astros y los números,
un camino que abrirías tú también para otros,
porque el que tiene un saber y no lo dona,
en él se pudre, y se fermenta, y sus larvas devoran corazones.
Como pago, fuiste golpeada hasta la muerte,
una mártir más, como tantas,
por nada, por mujer sabia, algo que debe de estar
muy cerca del demonio
para la mente enferma y reaccionaria.
Tú que te llamas Christine de Pizan,
la oscura Edad Media se iluminó
con tu Ciudad de damas,
luchaste porque esa luz de lo femenino
brillara en todo su esplendor.
Heriste de muerte al amor cortés,
Y en la Querella, la inteligencia de ella
se midió con la de él, y después de haberse
dejado vencer tantos años…, hicieron tablas.
Tú que te llamas James Barry,
lampiño de agudo timbre de la armada inglesa.
Tus manos laboriosas de insigne cirujano,
develaron el misterio de nacer por cesárea,
y cuando te enterraron, tus papeles decían:
Margaret Ann Bulkley, y todos se asombraron,
ocultando el secreto, y signando tu lápida con
un nombre de varón: James,
pues se debía seguir manteniendo la falacia
de que las descendientes de Eva no estaban
capacitadas para el ejercicio de la medicina.
Tú que te llamas Marie Curie,
un alud de isótopos radiactivos
no hubiera superado tu refulgir.
No sólo fuiste la primera mujer Nobel,
sino que, por si quedaban dudas,
repetiste, hazaña que ningún hombre ha podido emular.
La física y la Química fueron la casa
En la que creció tu perspicacia.
Tu esposo, que urdía contigo magníficos
experimentos, obtuvo su Cátedra en París,
a ti te la negaron, obtusos comensales
de viejos prejuicios apolillados,
no les bastó ni el Nobel para obviar tu sexo.
Alice Guy,
¿Quién no recuerda a los Lumière,
Ellos inventaron el primer proyector,
pero no fue suya la primera película,
fue la dulce Alice la de la idea,
pero ¿para qué decírselo al mundo?
muchas de sus obras, las firmó
su ayudante, un varón de cuyo nombre
no me acuerdo, en las Historias del cine,
omitida en las más,
porque ¿cómo iba a ser pionera del cine una mujer?
Ada Byron, tu madre te alejó de la poesía,
hija de universal poeta maldito, por amor a tu padre,
descubriste la poesía de la matemática,
de tus manos laboriosas,
nació el primer hardware,
la informática moderna es hija de tu ciencia.
Pero ¿quién te conoce?
había que silenciar el femenil ingenio,
como estas tantas, tantas…,
y cada una, cada día, voz silenciada,
grita más alto, escribe más alto,
deja intensa, la huella de tu paso:
¡Es un pie de mujer! ¡Grita bien alto!

 

jueves, 14 de abril de 2016

CARTA A MÍ MISMA EN MI 57 CUMPLEAÑOS


Es preciso escribir, me digo,
preciso dejar que las letras
digan por mí lo que yo
no me animo a decir.

Estoy un poco más vieja,
no tan vieja como mi madre
ni como las viejas
que nos imaginamos
cuando decimos la palabra vieja.

Sólo que ya
no soy tan joven
como cuando tenía
otra edad.

No todo es la edad
y me doy cuenta
que vivo en otro mundo
y eso no sé
si es bueno o es malo.

Es, simplemente, otra edad.
Una edad en la que te sientes bien,
cuando las circunstancias lo permiten,
y puedes caminar con soltura,
y hasta correr (un rato, suavemente)
o saltar (a cierta distancia).

Una edad,
en la que una mujer,
yo, por ejemplo,
no sabe muy bien qué hacer.

Porque siempre hay mucho trabajo
y poco tiempo libre
y, además, los compañeros
están muy ocupados
en crecer y cambiar el mundo
y los amigos, son amigos
en alguna frase, en ese saber
que el otro está ahí y eso es importante.

Los padres envejecieron
como para no querer saber
de muchas cosas
y los hijos crecieron
como para ir haciendo su vida
que ya tienen una edad
y algunos deseos.

Y volvemos
a qué hace una mujer de 57 años
que no sabe qué camino ha de seguir
de ahora en adelante.

Para lo que creía servir,
no sirvo
lo que nunca había hecho
parece
que no se me da mal
pero no da de comer.

Estoy en una encrucijada
 y no sé qué hacer.

Seguir trabajando
eso no se cuestiona.

Seguir estudiando
mientras sea posible.

Seguir escribiendo,
eso no se cuestiona.

Seguir haciendo el amor
mientras las circunstancias
lo permitan.

57 años es una edad
que me puso contenta
y cuando llegaron
no sé qué hacer
con esa edad.

Un odio por las jóvenes
a las que achaco
que me quitaron algo
que yo tenía,
un hombre.

Y resultó
que el hombre estaba en mí
y era un hombre vacío
lleno de extravagancias
de miedos
de dolor.

Tendría que poder reconocer
que no fue sencillo cumplir
cincuenta y siete años
y que en el camino
hubo poesía,
y algo de psicoanálisis
que descubrí el amor
y que al dolor
le puse unas palabras
que lo hicieron
dolor humano.

Es como si no pudiese acercarme
a algún lugar desde donde
poder decir
que, a pesar de todo,
soy feliz.

Estoy contenta de haber elegido este camino
contenta de hablar con tantas personas
tan diferentes entre sí y conmigo
contenta de desear levantarme cada mañana
porque alguien en algún lugar me espera
porque alguna tarea queda por hacer.

A los cincuenta y siete años
pasan cosas
en el cuerpo
que no pasaban a otra edad
y cosas que pasaban
y dejaron de pasar.

Me doy cuenta
de lo cerca que estoy de los sesenta años
y me asombra que hayan pasado tantos años
y no ser una mujer gorda y con el pelo blanco
a pesar de estar tan cerca de esa edad.

Ahora ocurre que no sé
como ir cerrando esta carta
con forma de poema
que aunque no aclaró mucho
la cuestión
me permitirá decir que al menos
una carta escribí
dedicada a esta edad
tan novedosa.

Estoy viva,
eso me sorprende cada vez,
un poco más grande,
a pesar de no darme mucha cuenta
y un poco menos sonriente,
salvo cuando canto.

Eso si que ha sido un descubrimiento,
no sabía que cantar me daba tanta vida.
No sabía que era capaz de disfrutar
leyendo un poema,
que era capaz de escribirlo.

No sabía y sin saber
fui haciendo, y haciendo
algo fui consiguiendo.

Y me da alegría
darme cuenta
que cada poema
es como la primera vez
y eso quiere decir
que hay un lugar
donde no es importante
la edad.

Quiero decir
que siempre será posible
construir nuevas frases
que den paso a los cambios
que haya que ir produciendo,
que toda la dificultad que encontraba
al principio de la carta
debía consistir en pensar los años quietos,
inamovibles
cuando, por el contrario,
me encuentro con que están
llenos de vida
que hay que ir viviendo.

Y va llegando el final,
y eso es lo que más cuesta
si lo estás esperando,
si quieres que sea de una manera,
si no te conformas con que el final llega
y está escrita la carta.

Cruz González Cardeñosa

lunes, 29 de febrero de 2016

Recital dedicado a la poeta OLGA OROZCO



Escuela de Poesía y Psicoanálisis Grupo Cero

26 de febrero de 2016

viernes, 22 de enero de 2016

La sexualidad humana por Alejandra Menassa


Clase abierta mensual del seminario Sigmund Freud
Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero
91 758 19 40

martes, 24 de noviembre de 2015

UN HOMBRE SE HA EXTRAVIADO

Busco a un hombre de amargos ojos verdes,
sombrías manos y palabras lentas.

Se extravió en el terror de una ciudad
nebulosa y fantástica,
cuando iba por una calle sórdida
sin salida y sin nombre,
como las que los locos atraviesan
en la glacial clausura de sus sueños.

Escuchad mi pregón, oíd mi alerta,
pues se ha extraviado un hombre
en la ciudad caótica y ya muerta.

a la agónica luz del farol amarillo,
que pendía del muro lacerado
como cabeza de guillotinado,
festejaba su cuita el organillo.
Y alguien bailó una danza ridícula y fantástica,
en la calle de la ciudad fantástica,
como si fuera un oso amaestrado
que saltara al clamor del estribillo.

Pávida flecha, desgarró la noche
la carrera fantástica de un coche
que nadie en la tiniebla conducía.

Y el coche de los muertos, ¿quién lo guía?

Asolación. Sobre el nocturno duelo,
turbio oscilar de llamas en la sombra;
un destino fatal que nadie nombra,
y la implacable soledad del cielo.

Escuchad mi pregón, oíd mi alerta,
pues se ha extraviado un hombre
en la ciudad caótica y desierta.

A la mísera luz del farol amarillo,
alguien tenía en venta el corazón.
"Dame dinero y te amaré esta noche",
clamaba en las penumbras el pregón.
Pero en el arrabal nadie sabía
quién estaba vendiendo el corazón,
ni quién tañía el trémulo organillo,
mientras pasaba arrebatado un coche.

Y el coche de los muertos, ¿quién lo guía?

Sombras, no más, en la ciudad fantástica.

Y alguien pasó, sin nombre, o con un nombre
que es semejante en su amargura al mío.
Era un muñeco de tinglado, un hombre
suspenso de una cuerda en el vacío.

A la última luz del farol amarillo,
gesticuló, cual oso amaestrado
que saltara al clamor del organillo.
Y bajo lo fatal que nadie nombre,
súbitamente se quedó sin cuerda;
y con la angustia del actor burlado,
hizo mutis de espanto por la izquierda
y se extravió en la sombra.

Se extravió en el terror de una ciudad
nebulosa y fantástica,
cuando iba por una calle sórdida
sin salida y sin nombre,
como las que los locos atraviesan
en la glacial clausura de sus sueños.

Escuchad mi pregón, oíd mi alerta,
pues se ha extraviado en la amargura un hombre.

Germán Pardo García
Colombia, 1902

viernes, 6 de febrero de 2015

Recital de Poesía

POESÍA AMOROSA versus POESÍA SOCIAL

Sábado, 14 de febrero de 2015

Sede del Grupo Cero
c/Duque de Osuna, 4 - Locales
28015 Madrid - Tlf.: 91 758 19 40

sábado, 22 de noviembre de 2014

NATURALEZA MUERTA de Germán Pardo García

¿Veis aquel árbol que en Europa,
en una cualquiera nación,
frente a Dunquerque o en las brumas
del taciturno mar sajón,
se levanta al cielo, amputado
por estallidos de cañón?
Miradle, mujeres británicas,
comandos de la muerte en pos:
no es sólo un árbol. Es un hombre
paralítico de terror.

¿Veis esa piedra que allá en Asia
sobre las cumbres del Kuen-Lun
en una aldea de Indochina
o en las márgenes del Yalú,
está empotrada en el desierto,
que hiere y mata con su luz?
Miradla, mujeres mongólicas,
ebrios soldados de Bakú:
no es una piedra. Es un espíritu
que sepultó la esclavitud.

¿Veis un camello que allá en África,
o en el remoto Kurdistán,
en las marismas cirenaicas
o en el betún de seco mar,
frente a los líbicos crepúsculos
agonizante y solo está?
contempladle, mujeres burmas,
tristes beduinos de Karak:
no es un camello. cual vosotros
busca el amor y quiere paz.

¿Veis ese olivo que en Judea
se está quemando en Tel-Aviv,
en Nazareth o en las escarpas
del hosco Monte Sinaí?
Miradle, mujeres semíticas,
obreros de Getsemaní:
no es un olivo: tiene sangre
de una crucifixión, y allí
sobre algún hórrido calvario
vuelve en tinieblas a morir.

Árboles, piedras y camellos
de Europa y de África y Tibet.
Hombres caóticos de América.
Bestializados que bebéis
petróleo en jícaras dolientes,
y licuaciones de corcel:
naturalezas sois heridas
por un castigo enorme y cruel,
y por vosotros tengo el alma
llena de soledad también.

martes, 14 de mayo de 2013

Todo sucedió tan rápido


Analía Pascaner
Nació en Buenos Aires. Reside en Catamarca, Argentina

    Mi esposo me pidió que llevara un abrigo y saliera de la casa porque se venía el agua. Mi mirada se paralizó en su rostro, observé a mis hijos de tres y cinco años en sus brazos y sin preguntar siquiera, alcé a mi bebé y seguí a mi marido. Nos abrimos paso y caminamos entre la correntada hasta que alguien detuvo su camioneta para sacarnos del barrio.

Salí de mi hogar para adentrarme en un mundo de espanto y caos. En la calle me aturdieron el sonido de las sirenas y los gritos desgarrantes. Por las calles circulaban en forma desordenada ambulancias, coches de policía y otros vehículos, algunos con lanchas a remolque. Unas personas corrían atropellando y pidiendo ayuda, otras permanecían quietas gritando nombres. Familias abrazadas sin saber adónde ir. Hombres encaramados en los techos de sus viviendas. Y la ciudad en tinieblas bajo una lluvia torrencial.

El agua: protagonista principal. El agua arrasando las pertenencias. El agua borrando los recuerdos. El agua ahogando las ilusiones. El agua tragando los hogares. El agua cobrando vidas. El agua, monstruo devorador que nos hundió a todos en su gigantesco remolino de devastación.

Seguía paralizada mientras me alejaba del horror. La angustia me invadió más tarde, cuando nos encontramos amontonados en los patios y aulas de una escuela. La tristeza al ver el rostro de quienes llegaban buscando familiares y se marchaban desolados. La desilusión al observar el cielo gris plomizo cada noche y comprobar que al otro día la lluvia nos acompañaría. La aflicción al conocer la desesperación de quienes se quedaron en los techos y luego pedían ser rescatados pues el agua helada ya cubría sus piernas. La impotencia al saber de aquéllos que no tuvieron la menor posibilidad de salvación.

Por las noches casi no dormía, abrazaba a mis hijos, sus caritas contraídas en un sueño intranquilo. La tibieza del brazo de mi esposo sobre mis hombros me envolvía con incierta seguridad. Me rodeaban rostros de desolación, tristeza, dolor, impotencia, preocupación, rabia, soledad y el llanto desgarrador constante. La ropa empezaba a formar parte de mi piel humedeciéndome hasta el alma. A lo lejos una radio transmitía nombres de instituciones convertidas en centros de evacuados y me recordaba que había gente desaparecida, así como todos aquellos artículos que necesitábamos para sobrevivir en medio de esta tragedia. Sin embargo las necesidades del corazón no se podían expresar, no se transmitían por ninguna radio: nadie las cubriría, nadie taparía los huecos del dolor.

      Poco a poco nos fuimos acomodando y reconociendo unos a otros, aprendiendo a convivir y a compartir. Pronto reconocimos a quienes pretendían estar en un hotel y exigían cierta deferencia. Otros sólo dormían: la forma más sencilla para no pensar, no sentir. La solidaridad de la gente nos proporcionó algún tipo de bienestar físico y también nos reconfortó, con su calidez nos secó la humedad del cuerpo y nos acarició el corazón.

      La bronca me estremecía cuando escuchaba acerca de los saqueos cometidos por los buceadores nocturnos. Retenía con mayor fuerza a mis hijos cuando observaba el rostro deshecho de quienes no encontraban a sus allegados; mi pecho se cerraba cuando una voz entrecortada rogaba: “por favor… tal vez hubo un error, por favor… tal vez no lo vio en la lista, por favor… busque otra vez”. Todavía los escucho clamar por sus seres queridos, todavía oigo el lastimoso “por favor… por favor…”, con un deseo vívido en sus palabras: “por favor… hermano querido, madre mía, hijo amado, que estés vivo por favor…”.

      Ya pasaron varios días y el agua está bajando. Algunas personas volvieron a sus casas para comenzar con la penosa y lenta reconstrucción. Observo regresar vencidos a quienes susurrando cuentan: “Afuera sólo hay barro y mal olor”; hablan de viviendas asoladas, saqueadas, y lo poco que quedó se reduce a trapos, trozos de madera, suciedad y más suciedad. Todo, todo destruido.

      Sonrío cansadamente al mirar a mis hijos y a mi esposo. Le agradezco a Dios, a la vida, al destino, por estar juntos y vivos. Agradezco porque sobrevivimos a la desesperación, la angustia, la impotencia y la tristeza de la pérdida material. Agradezco por la gente solidaria, por el sol, por la vida.

      Sí, todo sucedió tan rápido… Y aunque de nuestra casa no queda absolutamente nada, me siento afortunada porque jamás perdimos nuestro hogar.

viernes, 10 de mayo de 2013

NEW HAMPSHIRE

 
Voces de niños en el huerto
entre el tiempo de florecer y el tiempo de madurar:
entre la punta verde y la raíz.
Ala negra, ala parda, se cierne en lo alto;
veinte años y pasa la primavera;
hoy duele, mañana duele,
cubridme todo, luz de hojas;
cabeza dorada, ala negra,
agarrad, saltad,
brotad, cantad,
saltad hasta el manzano.
THOMAS STEARNS ELIOT
Estados Unidos-1888
De “Poesía menores”

Blog de Ortografía de Alberto Bustos

Sencillo,  muy clarificador:

http://blog.lengua-e.com/2007/asimismo-asi-mismo-a-si-mismo/

sábado, 4 de mayo de 2013

ESTA VEZ TAMBIÉN HICIMOS EL AMOR EN BUENOS AIRES


Un soplo original llevando mis pasos a tu encuentro.
Una humedad dando al abismo y la neblina,
mis labios vivos pronunciando otros nombres de ausencia
para poder jugar en un vasto anfiteatro espantando
la misma queja sin medida sobre la inapropiada propiedad a la que me rendía confinada.
Esta vez no divisé las cosas errantes de este mundo
siempre hubo el amor y este furor sobre la cima del deseo
con su ala de gaviota trastornada.
Gran manipulador de encuentros el viento sobre el río
husmeaba el tema de la nada y tu mano en mi mano tomaba tal altura
que terminó cortada a pique en el umbral de casa,
mientras que en los confines un coro de muchachas malqueridas
erraban temerosas entre ilícitos en medio de la vida ciudadana.
Sobre el lecho que luego abandonamos
quedó el poema de la noche en medio del despojo,
cabellos en la almohada, plumas volcadas en la alfombra,
susurros de un lenguaje puro, con palabras aladas, sin oficio,
nombrándonos entre mi árido perfume a siempre viva
y tu perfume de axila encadenando el curso del ciclón sobre este mapa
para configurar el rostro de algún sueño.

Norma Menassa
De "Graffitis en el cielo"