miércoles, 31 de diciembre de 2008
martes, 30 de diciembre de 2008
"RIMAS LXXVI" de GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER. Recita MIGUEL OSCAR MENASSA
Gustavo Adolfo Bécquer (España-1836).
"Dioses de América" de ENRIQUE MOLINA. Recita MIGUEL OSCAR MENASSA
Enrique Molina, nace en Buenos Aires en 1910 .
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poesia "germán pardo garcía" menassa
lunes, 29 de diciembre de 2008
"Una mujer escribe este poema" de CARILDA OLIVER LABRA. CUBA, 1924
UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA
Una mujer escribe este poema
donde puede
a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existes soledad
sonó una bomba
vean si se han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Denise Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los frijoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tú no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Ché
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátum
de pólvora
de rimel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica
metiendo sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.
CARILDA OLIVER LABRA. Nace en Matanzas, Cuba en 1924. Algunos de sus libros publicados son: «Al sur de mi garganta» en 1949. «Memoria de la fiebre» en 1958. «Versos de amor» en 1963. «La ceiba me dijo tú» en 1979. «Desaparece el polvo» en 1983. «Calzada de Tirry 81» en 1987. «Se me ha perdido un hombre» en 1993. «Libreta de la recién casada» en 1998.Premios literarios: Premio Nacional de Poesía en 1950. Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional. Ganadora del Certamen Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz. Premio Nacional de Literatura en 1997. Premio Internacional José de Vasconcelos en el año 2002.
Una mujer escribe este poema
donde puede
a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existes soledad
sonó una bomba
vean si se han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Denise Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los frijoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tú no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Ché
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátum
de pólvora
de rimel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica
metiendo sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.
CARILDA OLIVER LABRA. Nace en Matanzas, Cuba en 1924. Algunos de sus libros publicados son: «Al sur de mi garganta» en 1949. «Memoria de la fiebre» en 1958. «Versos de amor» en 1963. «La ceiba me dijo tú» en 1979. «Desaparece el polvo» en 1983. «Calzada de Tirry 81» en 1987. «Se me ha perdido un hombre» en 1993. «Libreta de la recién casada» en 1998.Premios literarios: Premio Nacional de Poesía en 1950. Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional. Ganadora del Certamen Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz. Premio Nacional de Literatura en 1997. Premio Internacional José de Vasconcelos en el año 2002.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Del libro LA MUJER Y YO de MIGUEL OSCAR MENASSA. Música FERNANDO SAMALEA
ELLA, PARA REMARCAR MI INSISTENCIA, ME DIJO
Ella, para remarcar mi insistencia, me dijo:
Buscar a una mujer es perderla,
ella sólo puede amar lo que se le escapa
lo que nunca podrá tener del todo.
En cuanto a mí, le dije,
mis cosas me someten,
a tener que cuidarlas, hacerlas bellas,
por eso quiero decirte, amada mía,
que he decidido quedarme sin mis cosas.
Y si alguien me preguntara
cómo haré para vivir sin ella
os diré, camaradas, que en mis versos
la vida no se vive y ella es la poesía
o la mujer en general o la muerte.
Me despido de todo lo que me pertenece,
el delirio, tus besos en medio del delirio.
Recuerdo cuando, al despertar,
tenías un collar de arena en tu cintura
y yo te creía la Diosa del desierto
y montado en mi camello tornasol
te invitaba a que me permitieras
besar tus pies, en el justo momento
de la arena de tu cintura partiéndose
en finos cristales de amianto y de pureza.
Ahí, yo te creía la Diosa de los estallidos
y los diamantes como pequeñas flores
adornaban la melancolía del paisaje:
Tu cuerpo como muerto,
mi cuerpo como muerto
pero esperando, tenso y sumiso,
el estallido ardiente de la joya
pudiendo las pequeñas palabras de amor.
Hay días enteros que me lo creo todo,
su perfume, esa inteligencia submarina
que puede con un beso, sólo con un beso
llegar, sin más, al centro de mi ser.
El Dios que siempre la acompaña,
en lugar de enojarme, hoy me hace gracia
diría que me excita que ella, en su belleza,
para poder gozar me confunda con Dios
y es, entonces, cuando de un salto
alcanzo el aeroplano de la dicha
y, cuando ella me acaricia, gozo
para que ella crea que Dios
ha reconocido su caricia.
Yo muchas veces me quedo quieto,
ahí,
tratando de escribir un poema
esperanzado en encontrar
sin hacer nada
sobre la hoja en blanco
escrito un gran poema
donde el amor,
enloquecido y tenaz,
reina, también, sobre el amor.
Ella, para remarcar mi insistencia, me dijo:
Buscar a una mujer es perderla,
ella sólo puede amar lo que se le escapa
lo que nunca podrá tener del todo.
En cuanto a mí, le dije,
mis cosas me someten,
a tener que cuidarlas, hacerlas bellas,
por eso quiero decirte, amada mía,
que he decidido quedarme sin mis cosas.
Y si alguien me preguntara
cómo haré para vivir sin ella
os diré, camaradas, que en mis versos
la vida no se vive y ella es la poesía
o la mujer en general o la muerte.
Me despido de todo lo que me pertenece,
el delirio, tus besos en medio del delirio.
Recuerdo cuando, al despertar,
tenías un collar de arena en tu cintura
y yo te creía la Diosa del desierto
y montado en mi camello tornasol
te invitaba a que me permitieras
besar tus pies, en el justo momento
de la arena de tu cintura partiéndose
en finos cristales de amianto y de pureza.
Ahí, yo te creía la Diosa de los estallidos
y los diamantes como pequeñas flores
adornaban la melancolía del paisaje:
Tu cuerpo como muerto,
mi cuerpo como muerto
pero esperando, tenso y sumiso,
el estallido ardiente de la joya
pudiendo las pequeñas palabras de amor.
Hay días enteros que me lo creo todo,
su perfume, esa inteligencia submarina
que puede con un beso, sólo con un beso
llegar, sin más, al centro de mi ser.
El Dios que siempre la acompaña,
en lugar de enojarme, hoy me hace gracia
diría que me excita que ella, en su belleza,
para poder gozar me confunda con Dios
y es, entonces, cuando de un salto
alcanzo el aeroplano de la dicha
y, cuando ella me acaricia, gozo
para que ella crea que Dios
ha reconocido su caricia.
Yo muchas veces me quedo quieto,
ahí,
tratando de escribir un poema
esperanzado en encontrar
sin hacer nada
sobre la hoja en blanco
escrito un gran poema
donde el amor,
enloquecido y tenaz,
reina, también, sobre el amor.
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poesia dios mujer hombre amor palabras diosa
sábado, 27 de diciembre de 2008
"YO PECADOR IV y V" del libro YO PECADOR de MIGUEL OSCAR MENASSA
YO PECADOR IV
La higuera era el lugar de la sombra.
Hacíamos la vida
diciéndonos que éramos felices
mitad del tiempo sentados
a la sombra de la higuera.
Volví
cuando ganaba el cielo tu figura
una tarde en Pompeya.
El arma que te mató era blanca
vos no merecías otra cosa.
Me senté debajo de la higuera
y te llamé en voz alta.
Dijeron de mí
-cuando me arrastré palmo a palmo
en la época que florecían los malvones
y vos
solías esconderte cerca del horizonte-
que la locura
había anidado en mi corazón.
YO PECADOR V
Me quedé con todo el dolor
y toda la alegría.
Siempre fui dos desde tu muerte.
Boxeé contra la luna
y tenía en la cintura
todos los movimientos.
Me llamaban el pulpo de Patricios.
Crecía, crecía vertiginosamente
el odio en mi mirada.
Fui quedando solo
encerrado en el tiempo de nuestros juegos.
Fui jugador.
Até mi vida con cadenas
para no salir volando detrás tuyo.
Me aconsejé recuperar la historia de mi padre
árabe taciturno
una palabra cada seis meses
un gesto de amor todas las Navidades.
Después, después fui médico de locos
porque el que pega primero
pega dos veces.
La higuera era el lugar de la sombra.
Hacíamos la vida
diciéndonos que éramos felices
mitad del tiempo sentados
a la sombra de la higuera.
Volví
cuando ganaba el cielo tu figura
una tarde en Pompeya.
El arma que te mató era blanca
vos no merecías otra cosa.
Me senté debajo de la higuera
y te llamé en voz alta.
Dijeron de mí
-cuando me arrastré palmo a palmo
en la época que florecían los malvones
y vos
solías esconderte cerca del horizonte-
que la locura
había anidado en mi corazón.
YO PECADOR V
Me quedé con todo el dolor
y toda la alegría.
Siempre fui dos desde tu muerte.
Boxeé contra la luna
y tenía en la cintura
todos los movimientos.
Me llamaban el pulpo de Patricios.
Crecía, crecía vertiginosamente
el odio en mi mirada.
Fui quedando solo
encerrado en el tiempo de nuestros juegos.
Fui jugador.
Até mi vida con cadenas
para no salir volando detrás tuyo.
Me aconsejé recuperar la historia de mi padre
árabe taciturno
una palabra cada seis meses
un gesto de amor todas las Navidades.
Después, después fui médico de locos
porque el que pega primero
pega dos veces.
viernes, 26 de diciembre de 2008
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